Restaurante que buscaba reinventar la comida boliviana y elevarla, de forma callejera. ¿Lo lograron?
Bueno, como disclaimer, trabajé allí de administrador desde marzo del 2023 hasta marzo del 2024. Así que este review no va a tener rating.
Pero si entré a este negocio fue por un motivo, y si bien al final no fue lo que se pensó al principio, sigue siendo altamente influyente en mi trabajo. Maldito! no existiría de no ser por la iniciativa.
Recuerdo haber conocido Black Llama en sus inicios, cuando eran solamente delivery (justo alrededor del tiempo en el que @ice.ice.pepe estaba por ser lanzado). Y la creatividad y la meticulosidad realmente me sorprendió. Esto era lo que le faltaba a esta ciudad. Algo hecho con amor, pasión, feeling, y más que nada, por una necesidad de llegar más allá con respecto a nuestra cocina.
La segunda vez que visité, en Nomad, a la vuelta de la catedral, fué impresionante. Entendí todo allí. Esto era lo que quería hacer. En un ambiente bohemio, “hippie”. Lo ví y quedé automáticamente enganchado.
Recuerdo esa vez probar su Sándwich Anticuchero Veggie, hecho con hongos shitake.
En una de mis visitas, conocí al dueño, Aron. Para mí, una persona que la tenía clara con lo que quería lograr. No era el “que” es lo que haces, si no el “como”.
Y, ¿como era su comida?
Platos típicos como el Anticucho de Corazón, Salchipapas y Trancapechos, pero hechos de formas más interesantes. Servidos de forma “gourmet”. Salsas totalmente diferentes. Diferentes presentaciones. Hurgando con temas bolivianos como nuestros queridos Ekekos, platillos de latón de colores, figuritas de alasitas.
Pasado el tiempo, entré allí a trabajar como su administrador, y para mi fué un honor.
Pero ya no fué en Nomad, si no en el Boulevard de Las Brisas. Una ubicación extraña, en mi opinión, pero ahí podríamos estar expuestos a un mayor público en general.
Una de las cosas que me apenó, fue darme cuenta de que en el Boulevard (al lado de Puerto Milanesa, D15 y La Porcina), nosotros éramos los raros. Los freaks. Desde la misma pinta que tenía el local, se notaba que nosotros éramos la rebelión.
La gente no entendía que era lo que vendíamos. ¿Comida nacional? ¿Hamburguesas? ¿Comida vegetariana?
Pues sí, era todo eso, pero el concepto iba mucho más allá.
Me acuerdo ver con frustración a las personas que no entendían lo que queríamos lograr. Ellos solo querían una hamburguesa sencilla, y tratar de explicarles que nuestro sándwich de Chola Bao era hecho con un pan asiático cocido al vapor, y que les poníamos yuca, de forma sardónica… se perdía el chiste.
Y la comida era buena. En este momento, muero por unas “Salchis”. Porque no eran simplemente salchichas con papas, ese no era el método de Black Llama. Tenían que tener camote, salsas únicas, realmente era algo diferente.
Para mí fue una pena cuando me enteré de su cierre.
En uno de esos momentos de frustración fué que escribí el Manifiesto, porque sentía que el público en general no le importaba ni sus ideas ni propuesta, ni nada. Podría haber sido un lugar de pollo frito, y probablemente hubiera sido más popular.
Pero el público que nos entendía, le encantaba nuestro mensaje.
En mi opinión (Aron probablemente esté en desacuerdo con esto), Black Llama se debería haber quedado en Nomad.
Chiquitos pero poderosos.
Espero, con honestidad, que Black Llama algún día reabra sus puertas, cuando el público esté más dispuesto a probar cosas nuevas (y cuando los restaurantes estén en una mejor posición…).
Hasta mientras tanto, solo nos queda celebrar los hitos que han logrado.
Aplaudo a personas que se atreven a probar cosas nuevas y arriesgadas, a pesar del riesgo.
RIP Black Llama. Ojalá más restaurantes se inspiraran en vos.
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